Tuve miedo a la oscuridad en un show de luces

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Esta mañana fui sola al centro cultural Corpartes con el objetivo de vivir la experiencia que ofrece la exposición Light Show.

Llegué temprano, pues no era la primera vez que intentaba ver la exhibición, sino la segunda¹. Hace unas semanas fui y los cupos estaban llenos, ya que solo un reducido número de personas puede hacer el recorrido al mismo tiempo.

En esa oportunidad noté que habían alrededor de setenta escolares, número que a mi me parece -simplemente- demasiado. Así que le pregunté a la cajera, tratando de disimular mi cara de rechazo, si existía un día en el que no fueran niños. Porque si existía ese día iría si o si, ese sería MI día, no faltaría por nada del mundo.

La respuesta que obtuve fue NO, todos los días vienen colegios.

Esta mañana tuve que esperar un rato hasta las 11:15, hora a la cual entraría mi grupo. Compré un té y me senté a tomarlo mientras llegaron dos cursos. Me puse ansiosa al imaginar que tendría que compartir el espacio con esos escolares.

Nunca terminé de entender a los adolescentes hombres y desde que estaba en el colegio siempre he tratado de evitarlos, pero ahí estaba yo, sentada al lado de uno que a su vez estaba sentado al lado de otros diez más. Todo era un gran ruido y generaban un desorden total.

Empecé a dudar si sería buena idea entrar. Al evaluar que la entrada era gratis, y después de todo lo que caminé hasta allá, me obligué a continuar mi solitario plan.

Felizmente tuve la suerte de ser parte de un pequeño grupo de adultos. Todos en pareja: pololos, amigos, una madre con su hija. Y apenas entramos, todos ellos empezaron a sacarse selfies.

La exposición estaba compuesta por 17 instalaciones² de las cuales solo cuatro tenían permitido el uso de cámaras de fotos. Y la mayoría usaban tubos fluorescentes. Sin ir más lejos, había una que consistía en seis de color blanco pegados a la pared, la cual fue a mi gusto la más aburrida de todas.

Pero habían otras bastante impresionantes, como por ejemplo un proyector con humo que disparaba rayos de luces blancas, en movimiento, dentro de una pieza oscura. Era oscura pero igual se podía ver dentro de ella, no como en otra pieza de la cual escapé porque tuve terror de seguir viendo nada. Era como estar en un ataúd cerrado.

La forma de entrar era la siguiente: con la mano derecha uno se apoyaba en el hombro derecho de la persona que iría delante tuyo y, yendo en fila, con la mano izquierda tenías que tocar la pared para 1) no caerte 2) seguir el camino.

A mitad del recorrido al entrar en pánico me devolví. Soy una persona propensa a hacer el ridículo sobre todo cuando ando sola. Como no sabía si mi grupo saldría por la entrada o por otro lado, pregunté a una amorosa guardia de seguridad que debía hacer. “¿Le dio miedo?”, me respondió. Conté la verdad y me dijo deme la mano. Sentí que no tenía opción así que lo hice y entramos. Las dos, con las manos apretadas muy fuerte.

Al fondo se veía después de toda la inmensa oscuridad un juego de luces de color rojo que daba la ilusión de que la pieza se alargaba, hasta el infinito tal vez.

Después de esa intensa emoción entré a otra pieza peligrosa para mis estándares: la que estaba prohibida para epilépticos. Cómo no lo soy, lo hice de igual forma pero siempre pensando en ¿y qué pasa si soy epiléptica y lo descubro justo ahora? ¿y si me da un ataque y arruino la visita para todas estas personas?

Finalmente no sucedió nada de eso mientras vi luces blancas intermitentes que mostraban chorros de agua a presión que formaban figuras de acuerdo a la imaginación de cada uno. Una instalación algo… extravagante.

Después de esas dos piezas el resto fue solo entrar y mirar y descansar. Había una que era especial para Instagram porque estaba iluminada como el vídeo de Drake: luces verdes, azules y naranjas. Las mezclas de color, que entre ellas se producían, ambientaban una pieza blanca. Era obra de un artista venezolano y quién sabe qué fue primero, si la instalación o Hotline Bling².

A la salida me despedí y me separé del grupo lo antes posible, sentía vergüenza por haber escapado de la pieza oscura y felicidad por haber vivido tantas emociones.

Y eso que todavía no eran ni las 12 del día.

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A la pieza Hotline Bling había que entrar con protector para zapatos

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¹ No se pueden reservar las visitas.

² Pertenecientes a 15 artistas. La curatoría parece ser lo fabuloso de la exposición.

³ La obra se llama Chromosaturation y es del año 1965.

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