Hace un mes bajé Pokémon Go y han pasado muchas cosas

El 10 de agosto instalé el juego Pokémon Go. Motivada por mi marido, que en ese momento ya llevaba algo más de una semana de juego intenso.

Nunca vi la serie ni jugué los juegos de Nintendo, pero eso no importa, porque la aplicación es muy fácil de usar y no requiere conocimientos previos¹.

Hoy, un mes después, mi estado es el siguiente:

  • Estoy en el nivel 23
  • Tengo 98 pokémon ingresados en mi Pokédex

Capturar los 98 pokémon no ha sido fácil y es por eso que me consta que esta galla hizo trampa. Lo cual, en mi opinión, es demasiado perdedor².

A continuación, algunas pokeaventuras que he vivido este mes.

1. Mi mejor día: La mañana en que atrapé cuatro pokémon nuevos

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Un día (andando en auto, lo reconozco) atrapé a Scyther en Vespucio con Colón. Mi nivel de emoción fue alto, pero eso no terminó ahí. Más tarde, bajando en micro por Apoquindo, vi a Charmaleon, que si bien era de 18 puntos, ingresarlo a la Pokédex fue genial. Como si eso fuera poco, arriba de la misma micro me eclosionó un huevo de 10 kilómetros con un Lapras de 1800³.

Me bajé cerca de La Moneda, y mientras hacía trámites pasé por la Plaza de la Constitución, lugar donde me detuve a jugar. Estaba en eso, atrapando Ekans y Pidgets cuando de pronto apareció Pikachu ¡mi primer Pikachu!

Nunca más he vuelto a verlo ni nunca más he vuelto a tener una mañana así.

2. Cuando apareció Dragonite en mi departamento

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Una noche Ignacio gritó desde la pieza que había un Dragonite³. Yo estaba en el living y al escucharlo me acerqué a mirar. Hace pocos días había bajado el juego así que no estaba informada de lo raro que era ver a este pokémon.

Mientras Ignacio trataba de capturarlo con solo tres pokebolas, yo miraba mi aplicación esperando que me saliera, cosa que nunca sucedió. Tal vez porque mi nivel era muy bajo en ese entonces. Lo bueno es que mientras esperaba ¡atrapé mi primer Bulbasaur! ¡Genial!

A Ignacio se le escapó el Dragonite. A veces se lo recuerdo para molestarlo, y todavía no puede superarlo.

3. Salir a pasear se transformó en un nuevo panorama

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Junto a Ignacio hemos salido con el plan específico de atrapar pokémon. Un viernes por la noche, por ejemplo, fuimos al Parque Forestal. Él había ido solo, así que sabía que allá, al haber cuatro poképaradas, se juntaban un montón de personas a jugar.

La primera vez que fui me impactó la cantidad de gente. Habían hartos grupos de jugadores reunidos, hasta con picnics de papas fritas y piscolas, atrapando lo que saliera. Además, un gran mercado había crecido alrededor: personas que vendían baterías, chapitas, calcomanías, comida, cerveza Escudo (¡a 500!) y quién sabe, tal vez hasta marihuana.

Una tarde fuimos al Parque de las Esculturas en donde habían muchos adolescentes jugando. No había comercio ambulante añadido, pero algunos comían hamburguesas del McDonald’s y otros fumaban. Todo muy juvenil.

También hemos salido de noche al gimnasio más cercano, que está a tres cuadras de la casa, y una vez hasta al cerro Santa Lucía, pero tuvimos miedo de que nos asaltaran así que nos devolvimos a los 20 minutos.

4. La micro es una nueva fuente de emociones

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Mi vida ha cambiado desde que me puse a jugar, por ejemplo ya no leo cuando ando en micro, sino que voy apretando todas las poképaradas¹². Creo que viajar en Transantiago es la mejor forma de jugar por la velocidad a la que una va.

Andando en Tobalaba con Bilbao he atrapado a Dratini y a Golduck. Grandes logros, además me salen monos que de otra forma no vería nunca como Staryu y Paras entre otros.

Quiero dejar esta metodología de atrape pronto para volver a leer y por el miedo que me acecha de forma constante de ser asaltada, lo que al fin y al cabo es otra emoción más.


Después de un mes de juego intenso, lo que me ha motivado además de completar la pokédex, es competir con mi marido. Sin embargo, siento que me quita mucho tiempo ya que el juego es terriblemente adictivo.

¿Pararé antes de conseguir los 400 caramelos que necesito para evolucionar a Magikarp? Quién sabe.


¹ Los requisitos para jugar son tener trece años de edad mental y un alma juguetona.

² Nadie le cree.

³ Hoy me eclosionó mi segundo huevo de 10 kilómetros ¡con un Snorlax! 

¹¹ Desde el departamento tengo al alcance tres poképaradas. En las noches, por lo general, estas se lo pasan llenas de cebo lo cual hace que siempre aparezcan monitos. Después de un mes jugando puedo afirmar que vivo en un nido de Nidorans. El resto de los pokémon que salen aquí son los de siempre.

En fin, vivir en tres pokeparadas es algo bueno y malo al mismo tiempo. Bueno porque puedo atrapar pokémon en pijama y malo porque la tentación de jugar existe todo el tiempo.

¹² Ignacio opina que esto es hacer trampa, pero a mi me parece legal. Como él no tiene el tiempo de ir apretando poképaradas, ha comprado varias veces paquetes de 100 pokébolas, cosa de siempre estar listo en caso de que apareciera Dragonite de nuevo…

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