Javiera Quesney: “Cuando empecé a bordar, bordé para olvidar”.

Atraída por el trabajo en miniatura de la diseñadora, artista y bordadora habitual, Javiera Quesney, fui hasta la ruidosa calle de Independencia, para conocer su taller. En una mesa larga estaban sus materiales, esparcidos por todos lados y una gatita daba vueltas por el lugar sin dejar de gritar. Javiera cerró las ventanas, para que nos pudiéramos escuchar, aunque se quedó atenta a la llegada de un maestro que iría a arreglar su máquina de coser. En eso, nos sentamos a conversar.

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¿Qué es lo mejor de trabajar en tu propio taller?

Lo mejor es que puedo explotarme, más de lo que lo haría cualquiera. Trabajar 12 horas seguidas sin almorzar, no sé… esas cosas que en una empresa no podría hacer. Disponer de tu tiempo, eso es. Es que yo tengo una hija chica entonces estoy criando también, eso significa que tengo que andarme moviendo.

¿Esas largas jornadas te han causado tendinitis alguna vez?

No. Porque dentro de esas largas jornadas cambio de posición: pelar manzanas, hacer avena, cocinar, andar en bicicleta, chatear, mandar mails.

¿En qué estás trabajando en este momento?

Tengo varias cosas. Estoy trabajando mis típicos accesorios que entrego cada cierto tiempo en la tienda Porquetevistes y en la tienda Siete Rayos. Estoy con una línea de joyas con la Lupe Pareja que es orfebre, ella hace bases metálicas y yo les hago el bordado, ese proyecto se llama QyP (Quesney y Pareja). Además, participé con Raíz Diseño en un viaje a Liquiñe para conocer a los artesanos de la madera. Aprendí a tallarla y me gustó ene, entonces me traje algunas maderas para fabricar mis propios soportes.

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Colgante del proyecto QyP

Claro, porque ahí haces la diferencia al usar bases que no sean las de tipo camafeo.

Si, las bases tipo camafeo las venden acá en Santiago y también en todo el mundo por internet.

¿Qué trabajo hecho por ti es tu favorito?

Bordando pajaritos logré un nivel que nunca imaginé. No sabía hacer pájaros así que los observé hasta que lo logré, es algo que me hace sentir orgullosa porque soy autodidacta. No me es tan fácil dibujar a pesar que es algo que siempre he hecho y que me gusta mucho.

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¿Cómo eliges los colores?

Me inspiro en la misma naturaleza y uso harta fotografía, pero también tengo un imaginario de crianza sureña. Además, improviso a medida que el mismo bordado me va diciendo cosas, por ejemplo, primero bordo una cordillera sin saber mucho lo que voy a hacer, pero es obvio que va a tener verde y azul pero de repente aparecen cosas, los detalles.

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¿Hay alguna razón por la cual tus bordados sean tan pequeñitos?

Siempre estuve relacionada con el mundo del diseño y los accesorios, tuve tienda muchos años en el drugstore…

¿En serio? ¿Qué tienda?

Se llamaba Tul, era de bolsos, los fabricaba yo. Fui la primera que hice bolsos con la tapa de color, con vivo, con saldos ochenteros, empezamos casi al mismo tiempo que con el dueño de Pez.

Me fui para otro lado, perdón. Cuéntame por qué son tan chiquititos.

Jajaja, si. Empecé a hacerlos pequeños por la necesidad de hacer un producto y hacerlo asequible.

O sea que bordaste en miniatura desde siempre.

Nooo, el primer bordado que hice después del colegio fue un dragón sobre shantung, onda agarré cualquier tela. Después bordé un sagrado corazón porque falleció una gran amiga y fue como para olvidar. Yo bordé para olvidar. Y se lo puse en el ataúd, fue mi despedida. De ahí en adelante hice una serie de sagrados corazones que para mi, que los vieran, era casi que mostrar los calzones, demasiado íntimo, hasta que caché que tenían valor. Así que se los empecé a mostrar a algunos amigos y por ahí de repente alguien quiso comprarme uno y de ahí de a poco partí, dando puntadas en los estampados de las poleras de la tienda, con aplicaciones, detalles, siempre haciendo muchas cosas con las manos.

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¿Tienes algún referente que microborde?

Cuando se me ocurrió la idea de los microbordados y llamarlos así, porque era una cosa que no existía y que me demoré bastante en descifrar como llevarlos a cabo, encontrar el soporte y desarrollar la técnica, de ahí me empecé a fijar y me encontré con “mi colega turca” Baobap Handmade. Además, descubrí a otros artistas que también microbordaban en Japón, Estados Unidos, etcétera.

¿Cuánto tiempo te toma realizar un microbordado?

Depende. Si es un diseño que ya he hecho, alrededor de una hora, pero si es nuevo o más complejo, alrededor de tres.

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¿Eres quisquillosa con los hilos y telas que usas?

Para nada. Toda mi vida he estado acostumbrada a trabajar con materiales reciclados así que no me hago problema con las telas. Con respecto a los hilos no tengo rollo en usar hilos chinos, como verás en esta majamama que tengo aquí a la cual llamo La madeja madre. De ella voy sacando las hebras de los colores que voy necesitando. Por supuesto que sé que hay hilos DMC que tienen un satinado soñado, hace poco compré unos hilos vintage ingleses que son fabulosos también.

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La madeja madre

Y para terminar ¿Cuándo te sientes más creativa?

Vivo chispazos. Puedo estar bailando, por ejemplo, cuando se me viene a la cabeza una idea, cuando eso pasa apenas llego a mi casa me pongo a hacer eso que se me ocurrió. Podría decir que de vez en cuando tengo iluminaciones.

Gracias Javiera.

Gracias a ti.

6 comentarios en “Javiera Quesney: “Cuando empecé a bordar, bordé para olvidar”.

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