Lecturas de octubre

Leí poco en octubre porque gran parte de mi tiempo libre lo pasé cazando pokemones. A pesar de todos los que atrapé, pude terminar tres libros cortitos.

A continuación, que me pareció cada uno de ellos.

El Tila. Un sicópata al acecho.

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Editado por primera vez en el 2010, esta investigación fue la tesis de cuatro alumnas de periodismo de la Universidad Diego Portales, la cual aprobaron con un 6,5 como ellas mismas cuentan en la introducción.

Me cuesta imaginar como habrá sido escribir un libro entre cuatro personas ¿Se acuerdan en el colegio cuando había que hacer trabajos en grupo? Lo más complicado era organizarse, cosa que ellas lograron, y darle unidad al resultado.

La historia del Tila es un sórdido drama pop. Digo pop porque a pesar de los años que han pasado desde su muerte no lo hemos olvidado, y basadas en su vida se han hecho varias obras de teatro, una película, y se han escrito poemas y libros. Además, en un anexo del libro, pude ver fotos de el Tila en una presentación que realizó en el Sename cuando tenía 15 años, en ellas estaban desde Rafael Araneda hasta Sebastián Piñera.

Y como si eso fuera poco, también cuando tenía alrededor de 15 años, La Cuarta editó un cassette en donde salía una canción escrita por él (como parte de un programa del Sename que promovía la expresión artística de los menores encerrados en él) ¿Qué tal?

A principio de los años 2000, antes de ser pillado, fue conocido como “el violador del barrio alto”. Ya que cada vez que entraba a robar a un departamento, bajo los efectos de la pasta base, violaba y secuestraba a las personas con las que se encontraba. Nunca mató a un cuico, ya que lo que disfrutaba era torturarlos sicológicamente, en promedio, durante unas once horas. Esto ocurrió cuatro veces, su quinto crimen en serio fue 1.violar 2.asesinar 3.descuartizar y 4.quemar las partes del cuerpo de una vecina de él, en la población José María Caro. Me dio especial pena esa historia, la cual fue la que finalmente lo terminó delatando.

A pesar de su sórdido comportamiento lo que me impactó con más fuerza fueron los detalles de su infancia, tanto en su desastroso hogar, con una madre esquizofrénica y luego una tía golpeadora, como en el Sename. Su vida fue triste y sin esperanza. Tuve ganas de llorar pensando que lo más seguro es que esos ambientes hasta el día de hoy se siguen reproduciendo. Ya que todos hemos visto en las noticias la situación en la que se encuentra el Sename en la actualidad: la misma que hace veinte años.

Charapo

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Leí Charapo por curiosidad. Ignacio lo compró ya que le tincó la trama y a veces nos dejamos guiar por la crítica literaria de Patricia Espinosa¹, la cual en esta ocasión había sido buena.

La premisa de Charapo es atractiva: es el debut literario de un joven autor chileno quien imaginó cómo es la vida de un inmigrante peruano viviendo en Santiago ¡Genial! pensé, algo nuevo que no se ha hecho, que se escapa de los -para mi- lateros escritores chilenos que solo cuentan historias de escritores que no pueden escribir.

Pero el resultado es un bodrio.

La primera persona del libro no funciona ya que no logré envolverme en la idea que era un peruano efectivamente el que estaba viviendo todo eso ¿faltaron modismos tal vez? no lo sé. Además, Charapo narra todo lo que ocurre con detalles tan irrelevantes como absurdos, sin ninguna reflexión de por medio ¿Por qué me pasa lo que me pasa? ¿Qué siento al estar tan sucio y enfermo? No hay cuestionamientos ni respuestas, solo descripciones eternas de sucesos uno tras otro, por lo general repugnantes. Repugnantes me refiero de forma literal: hay mocos, pus, caca y vómitos, entre otras cosas, en las escenas.

Wacala.

Cartero

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Este es el segundo libro de Bukowski que leo², el primero fue La senda del perdedor y me pareció similar. O sea esta es la vida de adulto del alter ego de Bukowski: Chinaski, y el otro libro es su infancia y adolescencia.

Como leí hace poco Trópico de Cáncer, me pareció parecida la narración: estoy ebrio, voy a trabajar ebrio, las mujeres solo sirven para tener sexo pues son histéricas y estúpidas, sigo ebrio, odio mi trabajo, soy pobre, la sociedad me mata.

Ambientado en los años sesenta, Cartero cuenta en primera persona la sacrificada vida de un trabajador de Correos en la ciudad de Los Ángeles, primero efectivamente como cartero y luego como clasificador de cartas. Su vida tiene pocas luces, solo cuando va al hipódromo creo que se siente menos infeliz, ya que la burocracia y las reglas enloquecedoras con las que tiene que lidiar carcomen su alma de misógino alcohólico.

Esa misoginia tan cool a mi, la verdad, ya me colapsa. Sacándole eso la historia es buena, tiene drama, humor y reflexiones sobre la vida que me hicieron pensar qué se yo, en lo afortunada que soy de no tener que trabajar en algo que odio.


¹ Aparece todos los viernes en Las últimas noticias.

² Lo he hecho por Ignacio ya que es uno de sus autores favoritos.

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