Douglas Coupland se pone de mal humor cuando entra a Facebook

Por Ignacio.

El escritor canadiense Douglas Coupland, autor de la novela Generación X, estuvo en Chile con motivo del encuentro científico Congreso Futuro. Eso fue en enero pasado: la organización, dándole variedad a ese evento plagado de parlanchines físicos y biólogos moleculares, lo invitó a participar en el panel “Impactos de la tecnología en la sociedad”. Sorprendido de que lo incluyeran, lo contacté con la idea de escribir un artículo para el diario en que trabajo. Coupland accedió, pero fiel a su estilo, pidió que la entrevista fuera por mail.

La idea era publicar el artículo antes de su visita, sin embargo, por fallar en el ángulo o en el contenido, el texto fue descartado.

En una versión extensa y pensada para otros lectores, apareció finalmente en la edición de abril de la revista española Quimera. Y esta semana, luego de haber quedado liberado de exclusividad, lo cedí al blog de ciencia y tecnología Microsiervos, que justamente lleva ese nombre por la novela del mismo título de Coupland. De todas maneras, la más interesada en publicarlo, siempre fue la dueña de este blog, quien se cautivó con el escritor tras conocer sus trabajos visuales. Incluso participó en la elaboración de varias preguntas y también realizó la traducción completa de la entrevista.

Las siguientes líneas corresponden a una versión distinta, con un extra chileno, de la que fue publicada en los medios antes mencionados.


Douglas Coupland se pone de mal humor cuando entra a Facebook

Si escribimos “Douglas Coupland” en Google es probable que nos aparezca esta frase: «Extraño mi cerebro pre-internet». Es una de esas citas que este escritor canadiense gusta arrojar en charlas y entrevistas. ¿A qué se refiere con ella? Tal vez a la neurosis de tener que estar siempre conectado. Un asunto que ha tratado en libros como en jPod, You Know Nothing of My Work! o Bit Rot.

«Las personas se hastiarán muy rápido con la tecnología. Si le describieras Google a alguien de 1990, pensaría que vivimos en una era dorada de infinitas opciones e hiperinteligencia, pero la verdad es que lo que esperamos todos es ver qué cosas nuevas puede hacer el próximo iPhone», comparte al respecto Coupland, vía Gmail, en entrevista con Quimera.

Antes de continuar: en 1991, cuando MTV, Winona Ryder y las pizzas lo eran todo, Coupland fue aclamado como el Salinger de esos tiempos. La crítica estableció que con su novela debut, Generación X, había logrado capturar la apatía y el hastío de aquella época a través de un trío de veinteañeros que iban contando su vida y manera de ver el mundo.

generación x

El libro, además, y estableciendo a la cultura popular como eje, estaba «plagado de alusiones a signos de consumo y discursos publicitarios», escribe Vicente Verdú en el prólogo de la edición española publicada en Ediciones B.

Luego de una segunda novela, Planeta Champú, de la que confiesa estar arrepentido, y una colección de relatos, La vida después de Dios, que pasó casi desapercibida, Coupland publicó la obra con que trazaría la dirección de su posterior literatura: Microsiervos. El canadiense había logrado capturar otra vez un asunto de aquel entonces: cómo la tecnología empezaba a protagonizar nuestras vidas. «Ese libro miraba al mundo de culto de Microsoft y de las startups de tecnología de principios de los noventas. Pero comencé a investigar el impacto de la tecnología a gran escala con You Know Nothing of My Work!, la biografía sobre Marshall McLuhan», recuerda.

—Cuando iniciaste tu carrera literaria, a comienzos de los noventas, a los críticos les llamó la atención la importancia que le dabas a la cultura popular. Hoy en día ese asunto se ha convertido en un tema, digamos, popular. ¿Qué fue lo que ocurrió?

—No sé si es un tema popular. Puede que sea el único tema. Ya no es posible delimitar lo popular de la cultura. Pero para mí todo se fundió alrededor del 2012.

—¿Qué pasó ese año?

—¿Sabes qué fue? Un montón de personas realmente improbables me mandaron mails con enlaces a videos de charlas TED. Ahí me di cuenta que todas las personas allá afuera simplemente estaban absorbiendo y esparciendo un montón de contenidos sin ningún tipo de filtro. No había puntos de vista: solo cien por ciento puras absorciones crudas. Eso me perturbó. Habiendo vivido en un mundo pre-geek, pre dispositivos, me sorprende un poco que la gente quiera estar siempre conectada. La verdad es que habría esperado mucho menos alcance.

—¿Y tú cuántas horas al día pasas conectado?

—Déjame pensar… Escribo, así que se hace difícil dividir mis horas laptop en modo hoja de cálculo. ¿Diría que tres horas?

¿Y en qué redes sociales participas durante esas tres horas?

—Estoy en Twitter [@DougCoupland] y en Facebook, pero sólo porque otras personas se hacen pasar por mí, así que tengo que tener esas cuentas con mi nombre. Rara vez uso las dos: sería como transformar mi vida en un trabajo. Además, cada vez que entro a Facebook, salgo de mal humor.

—¿Qué te molesta de Facebook?

—Que las personas sólo postean las cosas que ellos creen que representan la felicidad de sus vidas. Pero la naturaleza humana es la naturaleza humana, así que la felicidad de otras personas hace sentir mal al resto. Todo el mundo quiere que las otras personas sean felices, pero no demasiado, la verdad.


“MICROSIERVOS ES UNA CÁPSULA DE TIEMPO”

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—¿Cómo ves los cambios en el lenguaje considerando el protagonismo de las redes sociales en la comunicación?

—El lenguaje solo evoluciona, nunca involuciona; que involucione es lo que pensaría alguien de ochenta años. La rápida mutación del inglés —asumo que el español también— refleja nuestros cambios colectivos. Es fascinante. Sólo pensar en la palabra unfriend [acto de eliminar a alguien de una lista virtual de amigos] por sí sola te dice cuán lejos hemos llegado.

En tus novelas usas ese tipo de palabras. ¿Es posible que se vuelvan anacrónicas y las siguientes generaciones no las entiendan?

—No lo sé. Tengo un muy buen olfato para detectar que es lo que se queda y lo que no. Pienso que Microsiervos se ha transformado en una novela de culto precisamente porque apunta al cerebro de 1994 a 1995. Es como una cápsula de un tiempo que no ya no existe más.

—Ya que hablas de cápsulas de tiempo: ¿has pensado en escribir una novela que recopile tus tuiteos?

Cory Arcangel ya lo hizo: es un artista fantástico. Escribió una novela epistolar, The Gum Thief, publicada en 2007, que era una mezcla de mails y, en un menor grado, cartas tradicionales. Es uno de mis libros favoritos.

—¿De qué trata?

—Cory, mediante Twitter, buscó y grabó cientos de tuits que contenían la frase “trabajando en mi novela” e hizo una secuencia de esas frases. Partió siendo gracioso y después se convirtió en algo desesperado y triste. Me refiero a cómo él pudo registrar cuán ciegamente es la gente que pone a la novela como el ápice de la experiencia humana.

—¿Conoces a Tao Lin?

—No.

—Es un escritor que es continuamente comparado contigo. Y que pone a la novela en el ápice y que escribió una basada en sus chats de Gmail.

—Ahora realmente quiero leerlo. Voy a ordenar por Amazon dos de sus libros.

—¿Existe algún libro del que estés arrepentido de haber escrito, Doug?

—Sólo mi segunda novela, Planeta Champú. No tenía editor y fui mal aconsejado por personas en las que confié equivocadamente. Pero luego que hice ese segundo libro pude simplemente continuar sin toda la presión de la pregunta ¿cuál será tu siguiente libro?


“LUZCO SORPRENDENTEMENTE PARECIDO A ARTURO PRAT”

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 —¿En qué se diferencian los millennials [Generación Y] de la Generación X?

—¿Por qué me preguntas? Anda a la fuente: https://www.google.ca/#q=How+does+Generation+X+differ+from+millennials%3F

—Tienes razón.  Tú sueles analizar a tu país a partir de la cultura y el consumo. ¿Qué efectos causó la moda hipster en la sociedad norteamericana?

 —No tengo respuesta para eso. ¿Chile tiene hispters?

 —Un montón.

—Voy a recortar mi barba en Santiago ¿A qué lugar puedo ir?

—Los hipsters chilenos suelen ir al Barrio Italia o Bellas Artes. Dales un vistazo en Google Street View.

—De todas formas. Si son como las barberías hispters de cualquier parte, estarán con la agenda llena por lo menos tres meses, y me pondrán cara rara si les pregunto si me puedo hacer un recorte rápido. No sé qué es lo que pasa con las barberías hispters. Siempre están llenas. Nunca te pueden decir “claro, pasa, toma asiento”.

 —Jajaja.

—¿Te has dado cuenta que luzco sorprendentemente parecido al héroe naval Arturo Prat?

 —Tienes razón. Se parecen.

 —Las personas en los restoranes de Santiago siempre encuentran eso divertido.

—Ya veo. ¿Sabes algo de Arturo Prat?

—Sólo que su (mi) cara aparece en un mural en algún lugar de Puente Alto, no muy lejos de un Kentucky Fried Chicken.

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