Punta Arenas 4 días / 3 noches

El pasado fin de semana largo estuve de paseo en Punta Arenas. Al ser mi primera vez en la ciudad, viví muchas emociones.

El horario del viaje fue incómodo, llegué al aeropuerto el viernes a las once de la noche. Después de un día de semana normal, con las actividades que conlleva, a esa hora mi energía estaba próxima a nivel cero.

Dando una vuelta en la sala de embarque para hacer hora, me crucé con un frenético Gabriel Boric que al parecer iba tarde a subirse al avión que salía antes que el mio. Nos miramos a los ojos un segundo más de lo normal. Yo porque ver a alguien conocido siempre ralentiza el cerebro; y él a mi supongo porque pensó que le iba a pedir una selfie y el momento no podía ser peor.

El torpe encuentro con Boric fue mi puerta de entrada a Magallanes. La bienvenida la tuve en la madrugada, cuando adentro de un taxi iba hacia el hostal donde alojaría. Eran las cuatro de la mañana y el cielo se veía azul y no negro pues el sol estaba por salir. En enero amanece alrededor de las cinco de la mañana y anochece a las once de la noche.

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Después de descansar un par de horas desayuné en una cafetería al lado del gran monumento Goleta Ancud, ubicado en la costanera, en mi opinión: apoteósico. Desde el café podía observar el mar que casi no tenía olas y de lejos resaltaba el casino, el edificio más moderno de la ciudad.

Al empezar a caminar por la costanera me di cuenta que lo del viento era en serio. Tal como me lo habían advertido: viento atacante. Yo no sabía lo que era tener el pelo enredado hasta que me enfrenté al viento de Punta Arenas.

Este viento nunca se detiene. Noté que los paraderos son cápsulas para que uno espere la micro sin volarse. No obstante, el puntaarenense lidia con el viento con normalidad. Vi personas caminando por la calle en polera mientras yo vestía ropa de invierno.


La pala

En Punta Arenas hay restoranes adorables. A continuación les comparto de forma humilde y sincera los que conocí.

LA MARMITA

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La Marmita es una colorida casa de dos pisos convertida en restorán. El ambiente es familiar y calentito; el segundo piso es más iluminado, la vista da a una plaza, en ella hay cuatro focas de cemento tamaño real. Adentro la decoración tenía un toque hipster; por ejemplo había lámparas hechas de coladores, y artesanal, en sus repisas habían muñecos de lana y esculturas talladas en madera.

La carta es precisa, pedí caldo de choros y un pisco sour, que estaba suave. El olor de mi sopa pateó a mi marido a quién -creo- le arruiné el almuerzo. Él pidió cordero con arroz y no lo encontró sabroso, así que de postre se comió un triángulo de chocolate que si le gustó.

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La Marmita: Plaza Sampaio 678


LA YEGUA LOCA

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Antes de partir estas mini vacaciones, alcancé a ver el capítulo sobre Punta Arenas del programa de viajes Recomiendo Chile. Lo más elegante que mostraban era el hotel-boutique La yegua loca. Por curiosidad llamé por teléfono para preguntar cuanto costaba una pieza y el precio se salía por completo del presupuesto de mi marido, quien pagaba prácticamente todo el viaje.

No quise dejar de soñar así que fui de todas formas, no a dormir pero si a comer.

Para llegar al hotel caminé cuesta arriba pues está en un cerrito. Un par de escaleras más allá hay un mirador con vista al mar.

El restorán tenía un ambiente moderno y el servicio era muy profesional.

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La decoración era shabby chic. Las mesas eran antiguos hornos de leña y algunas sillas eran barriles. Desconozco si los hornos de leña tienen un nombre específico, habían muchos de ellos reciclados. Estaba lleno de flores y todo era ventanal y calefacción. De fondo sonaba un irritante disco de Silvio Rodríguez.

Comí chupe de ostiones y tomé un calafate sour, que en ese momento ya era el cuarto que me tomaba en el viaje. El calafate es un mini fruto típico de la zona, es de color negro-morado y su sabor es parecido al arándano.

No sé si será el lugar más pelolais de Punta Arenas, pero lo parecía.

La yegua loca: Fagnano 310


LA LUNA

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La luna es todo lo que al Liguria le gustaría ser y no es.

Ideal para la visita de turistas, la decoración es recargada o lo que se podría llamar pintoresca. En una repisa hay una extensa colección de cervezas en lata, del techo cuelga una mesa al revés y las paredes están pintadas de los colores de la bandera de Magallanes: amarillo y azul.

A la hora que fui había movimiento y los meseros corrían de un lugar a otro sin darse color.

El bar-restorán daba la posibilidad a las personas para que dejaran recuerdos, lo que me permitió ver e imaginar quienes estuvieron ahí y sus sensaciones.

Era especial. Es el lugar que más me gustó.

La LunaO’Higgins 1017


LA MESITA GRANDE

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antes del golpe

La mesita grande es una popular pizzería de Punta Arenas. Supongo que el nombre se lo da una mesa grande que está en el comedor, en la que se pueden sentar al mismo tiempo muchas personas sin necesidad de conocerse.

Tragué ¡una pizza entera! y eso que la mesera me dijo que el tamaño de las pizzas alcanzaba para dos personas. Ups.

Para mi dolor, en el baño de La mesita grande tuve un accidente. Entré con mi abrigo en la mano, porque si bien hace frío en las calles de Punta Arenas en las casas siempre te da algo de calor por la calefacción que nunca se apaga. Al apoyar mi abrigo en un mudador de madera -a diferencia de los que he visto en los baños de mujeres que son de plástico- este se abrió cayendo en mi frente y nariz.

Fue horrible. Quedé con un chichón enorme. Todavía me duele.

La mesita grande: Pedro Montt 1002


De paseo

Aunque prácticamente toda mi visita en Punta Arenas se trató de comer, también conocí sus principales atracciones.

Por ejemplo, la plaza de Armas Muñoz Gamero. En ella hay arboles centenarios que llaman a abrazarlos, muchos de ellos son cipreses y están podados de coquetas formas redondas. En su centro tiene un monumento en honor a Hernando de Magallanes quién descubrió el estrecho ídem. Como parte del monumento hay un indio con un pie colgando, la superstición consiste en que darle un beso a esa pata te garantiza regresar a Punta Arenas.

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No lo hice porque me causó rechazo apoyar mi boca ahí, bueno, ustedes entenderán.

También tomé un taxi para ir a ver el Monumento al Ovejero. Es qué pensé que era más lejos.

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Esto puede sonar chocante: ¿Me creerían que no vi ni una sola oveja en toda mi estadía en Punta Arenas? Me refiero a ovejas reales, no de peluche ¿Alguien sabe dónde están las ovejas de Punta Arenas? ¿Aló, Pedro Mesone?

Deambulando por ahí me encontré con esta librería Qué Leo.

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¿No es genial que te vayan a dejar los libros a la casa? Necesito este servicio en Santiago.

Por supuesto que por recomendaciones quise conocer el Kiosko Roca, picada con excelente reputación. Al llegar al kiosko desistí de probar su pan con chorizo porque estaba repleto. Adentro, en medio del caos, una señora me dijo que en todo horario era así.  El ambiente que se vivía era algo parecido al apocalipsis.

kiosko

la fila llegaba hasta la calle

Y para terminar con todo lo que les quiero compartir, les cuento que tomé un tour de una tarde que me llevó al Fuerte Bulnes, enclave que estableció la soberanía chilena en el Estrecho de Magallanes en 1943. Hoy: ruinas.

Camino hacia el fuerte, que está a unos 60 kilómetros al sur de Punta Arenas, la furgoneta en la que íbamos los turistas se detuvo en “la mitad de Chile”, punto exacto que divide el país desde el extremo norte hasta la antártica.

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¿Una virgen en la mitad de Chile? ¿Por qué?

Como nunca en mi vida puse cero atención a lo que el guía nos enseñó a mi y a los otros diez turistas sobre el fuerte, así que es poco el conocimiento que les puedo compartir.

Pero si les puedo contar que estaba lleno de coihues y en un mirador pudimos ver el Estrecho que no era tan estrecho. El paisaje del fin del mundo era impactante.

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heavy

En un momento el guía, oriundo de la zona, nos dijo que los indios patagones practicaban el poliamor y que en el pasado los hombres tenían muchas mujeres, luego procedió a reirse buscando sonrisas cómplices mientras yo entornaba mis ojos hacia el cielo.

¿Han notado que los magallánicos se sienten diferentes al resto… de los chilenos?

Al regreso miré por la ventana esqueletos de barcos abandonados a la orilla del mar, adorables casitas y campos y campos llenos de lupinos, coloridas plantas que crecen de forma silvestre en toda la zona.

Y cuando volví a mi hostal me dormí temprano, antes que se hiciera de noche, es decir a las 22:00. No quería irme y lamenté no haberle dado un beso en la pata al indio. Al día siguiente mi avión de regreso salía temprano en un vuelo que tampoco compartí con Gabriel Boric.

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cactus

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oveja

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chochos

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calafate

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muñecos

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4 comentarios en “Punta Arenas 4 días / 3 noches

  1. AndruPtoMontt dijo:

    Hay que lindo Frutilla, yo amo mi ciudad nací ahí, y si nos sentimos especiales los magallanicos, pero que lindo seria que cada ciudad fuera así de especial para sus coterraneos, pucha que pena que te golpeaste, que mala pata, te falto el cementerio que es una cosa tan linda, y comer churros en la calle, ademas del mirador del Cerro la Cruz, ojala puedas volver aunque no hayas besado la pata, yo tampoco lo hago y vuelvo siempre.

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